La locura de Rafa

16 de mayo de 2006

Me sentía animado y fuerte al volver al camping de Gazzi en Aliabad, la furgoneta no andaba fina pero al menos podíamos continuar viaje. Tal era mi entusiasmo que propuse a Silvia hacerme un viaje relámpago a Islamabad en busca de una cámara de fotos nueva, a ella no le pareció muy buena idea, ….”demasiado largo”, me dijo, debí de haberla hecho caso.

Para añadir atractivo al asunto la noche anterior a mi viaje tuvimos una pequeña juerga con Mariano, John, Tony y Manzoor, que después tardaría mas de una hora en llevarnos de Karimabad a Aliabad (un recorrido de 6 Km), por lo que esa noche no descansé del todo.

El plan del viaje era el siguiente, coger el autobús a las 11 de la mañana, que llegaría a la estación de Rawalpindi a las 6 de la mañana del día siguiente, desde la estación irme en taxi hasta uno de los bazares en Islamabad, conseguir la cámara y volver el mismo día en el autobús de las 3 de la tarde, …….sencillo.

Locura-de-Rafa-IIIA las once estaba en mi asiento, en la parte delantera del autobús, junto a la ventana, no parecía muy incómodo y en un principio me dediqué a escuchar música disfrutando del paisaje. El conductor iba muy rápido, demasiado para mi gusto, pero el aire acondicionado hacía el viaje muy placentero hasta que empezaron a caer las horas como losas, por lo menos hacía bastantes paradas por el camino. Delante mío estaba una pareja de londinenses que venían de China y me puse a hablar con ellos, el chico estaba totalmente paranoico con el tema de la malaria, incluso estaba tomando el tratamiento en las áreas del norte e incluso en las áreas montañosas de China, yo le expliqué que a partir de 2000 metros de altura la malaria no existe, pero no me hizo ni caso. Ya entrada la noche, con una incomodidad y cansancio que iban in crescendo entramos en la región de Kohistan, si hasta ese momento me había resultado imposible dar una cabezada en Kohistan resultaría utópico hacerlo, en un momento del trayecto, mientras el conductor iba al mismo ritmo desenfrenado por Kohistan, un cristal lateral del autobús salto en mil pedazos, por fortuna no había nadie sentado ahí, una piedra había caído desde algún lugar, el conductor ni paro. Empecé a cansarme del aire acondicionado, que no podía quitarlo por supuesto, y la estridente música Punjabi no paraba ni un instante, comencé a sentir el infierno.

Llegamos a la dantesca estación de Pindi sobre las 6 y media de la mañana, en total habría dormido una hora máximo, pero no me encontraba tan agotado como pensaba, aunque mi cara no era la mejor, ni tampoco la de los londinenses. Compré el billete de vuelta y salí de la estación a coger un taxi, el panorama era muy triste, había mucha gente durmiendo tirada en la calles, con todas sus necesidades hechas encima, el olor era putrefacto y el calor empezaba a hacerse notar. Le dije al taxista que me llevara al Jinnah Market de Islamabad, me habían dicho que encontraría una buena tienda de fotografía, obviamente el taxista intentó engañarme, pero no me dejé, al menos no me dejé del todo. Cuando llegué me encontré con la primera contrariedad, el bazar estaba cerrado y no abría hasta las once de la mañana. Mientras pensaba qué hacer, sentado en unos escalones, fumando un cigarro y bebiendo un zumo, un policía apareció en moto, me miró y… bueno, se bajó y me pidió el pasaporte, me siguió mirando y me dijo que le acompañara, no tendría que tener muy buen aspecto, me llevó en moto hasta una tetería cercana a la comisaría y me dijo que le esperara para tomar un té, ni caso, en cuanto vi que desaparecía me fui de ahí a coger otro taxi, no tenía tiempo, ni ganas.

Locura-de-Rafa-IIMe fui de nuevo a Rawalpindi, a otro bazar, otros 6 Km en taxi y otro intento de engaño. Llegué a un bazar lleno de tiendas de fotografía, me alegré mucho pero al ir entrando en cada una de ellas me empecé a decepcionar, las cámaras que encontré eran antiguas, demasiado.

Encima percibí la poca amabilidad de algunos comerciantes punjabis, que en cuanto me oían preguntarles algo en inglés respondían ..”No english, no english“, continué buscando un rato por algunas tiendas pero sin fortuna y empezaba a sentir cansancio y demasiado calor, decidí ir a sacar dinero del cajero y esperar a que abriese la tienda del bazar de Islamabad.

En la tienda encontré dos o tres modelos que merecían la pena, aunque el precio me pareció totalmente occidental, me enteré de otra buena tienda que estaba en un bazar cercano así que me di otro paseíto, aprovechando además para comer algo y descansar. Era la una de la tarde cuando acabé de comer y volví a la tienda Jinnah Market, con la decisión de comprar una cámara, me decidí por una Nikon con bastante buena pinta y ahí comenzó el surrealismo, resulta que al pedir que me la enseñara me dijo que no, que sólo por fuera, yo le dije que quería conocer las características y el tío me las empezó a decir de memoria, por si esto fuera poco le pregunté si tenía garantía, me dijo que no, que en cuanto saliera por la puerta no cabía reclamación alguna, le pregunté si al menos podría volver si encontraba algún error en la cámara y me dijo que tampoco, con muy mala educación, lo que acabó de encenderme y le dije…, en español, “pues te vas a quedar sin mi dinero, capullo” y me despedí de él en inglés muy educadamente. Al menos compré una memoria SD para la cámara de vídeo, era un apaño hasta encontrar una nueva, aunque me sentí muy decepcionado y cansado en ese momento, serían las 2 de la tarde.

Tomé un taxi de vuelta a la estación, fue el primero de los cinco de ese día que no me intentó engañar. Estaba muy cansado y ni podía pensar que me quedaba la vuelta, sólo quería irme de allí, el calor se me pegaba en el cuerpo y el hedor era insufrible, para colmo todo el mundo se me quedaba mirando como si fuera un bicho raro.

Caí derrotado en el autobús, aún me quedaba lo peor, un profesor de universidad se sentó a mi lado y claro, cuando vio que era extranjero pensaría “esta es la mía”, no paró de hablarme durante gran parte del viaje de vuelta y pese a que mis respuestas eran concisas el tío seguía y seguía preguntándome cosas, un infierno. Me dormí un par de horas, que no fueron suficientes, la historia se repetía, música punjabi durante todo el trayecto, aire acondicionado a tope y dos nuevos alicientes, muchas más paradas, ya que llevaba a mucha gente y tres pinchazos durante el camino de vuelta. A las 9 de la mañana del día siguiente se bajó mi charlatán amigo, no fue mucho consuelo ya que yo ya ni sentía ni padecía, estaba destrozado por el cansancio, durante la vuelta sólo comí un huevo frito en un cochambroso restaurante.

Locura-de-Rafa

Llegue a Aliabad a la 1 de la tarde, tras 22 horas de viaje de vuelta, no sé cual sería mi aspecto pero Silvia se asustó al verme, me habían salido hasta dos heridas en la espalda, ese día y el siguiente sólo dormí y comí, perdería dos kilos por el viaje, el peor de mi vida, 39 horas de autobús en dos días, ¡Que país más duro!